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Esta semana, cuando iba por mis peques a la escuela, me tocó ver una pelea entre dos estudiantes de secundaria con sus respectivos testigos animando a los alumnos a "matarse a golpes".

Peleas de estudiantes

Evidentemente no me iba a quedar mirando como dos muchachos se golpeaban mutuamente, así que te intervine y los envié a casa.

Lo que más me sorprende de esta situación, es que no sólo había estudiantes entre los testigos, había una buena cantidad de adultos (por lo menos unos veinte) entre los que destacan: trabajadores de una construcción, transeúntes, vecinos de la cuadra. Y ninguno hizo absolutamente nada por detener la pelea.

Cuando conté el suceso hubo varias reacciones:

-¿En serio te metiste? ¿Y no te golpearon? Que valiente...

-¿Paraste la pelea? Que ridícula, ¿o sea que tú vas a ser de esas viejitas regañonas?

-Claro que los trabajadores no iban a parar la pelea, ellos se estaban divirtiendo. Lo peor de todo es que esos chamacos sólo se pelean por tonterías.

Primero que nada, creo que a todos se les olvida que eran menores de edad golpeándose, todos menores de 15 años y prácticamente unos niños. Bastaba con que un adulto -el que sea- pusiera un límite para corregir su conducta; y sin embargo nadie intervino, porque se cree que son cosas sin importancia: "tonterías".

Segundo, muchas personas creen que por ser una "tontería", la persona que se preocupa de esos sucesos está exagerando y si interviene la consideran ridícula; pero no dirían lo mismo si supieran que es su hijo a quien están golpeando, o el que está golpeando a otro chico, o si fuera su hija "animando" a un par de muchachos a pelearse a puñetazos por ella.

Sin importar lo que la mayoría de las personas piensa, intervine por dos razones:

1. Porque no es correcto que dos jóvenes resuelvan sus diferencias a puñetazos, ni que nos quedemos observando como agreden a nuestro prójimo sin hacer nada.

2. Porque no quiero que en un futuro, sean mis hijos los que estén en esa situación sirviendo de diversión ajena e intimidando a todo el que se cruza en el camino.

Aún así, mucha gente sigue pensando que un joven tarde o temprano tendrá pelearse a golpes para demostrar su valentía y su hombría. Lo terrible de esta enseñanza es que el estudiante que la aprende la aplica después para todo en la vida: golpear al jefe, a los hijos, a la esposa...

Educar a los jóvenes sin violencia es responsabilidad de todos. No hay pretexto para permitir o alentar los golpes.

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