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En varias escuelas -aún cuando lo hacen con las mejores intenciones- suelen "carear" al agresor con la víctima. Es decir, el abusador le pega o empuja a un niño y entonces los dos son llevados a la dirección. Estando ahí sucede lo siguiente:


1. El director(a) pregunta que pasó (mientras el niño abusivo mira de reojo a su compañero en espera de su respuesta).

2. La víctima bien podría no decir nada, aunque en la mayoría de los casos el niño confía en los adultos para resolver el problema. Así que cuenta lo sucedido.

3. El director(a) exige al agresor que se disculpe con su compañero y le hace prometer que "eso no volverá a pasar".

4. Salen los niños de la dirección y el abusivo le propina tremenda paliza a su compañero por "soplón".

5. El niño agredido JAMÁS vuelve a denunciar a su agresor.


Esto es lo que pasa la mayoría de las veces. De hecho, el careo es una técnica utilizada en los reclusorios. La diferencia está en que el criminal encarcelado no saldrá para vengarse, aunque si pudiera lo haría; pero en la escuela el niño abusivo seguirá libre para hacerle pagar a su denunciante.

La técnica del careo en los niños no funciona (incluso se pone en duda su eficacia entre los adultos), cuando se utiliza se pone en riesgo al denunciante, no se le protege y además se deja libre al agresor sin ninguna consecuencia por su comportamiento. Pedir disculpas no es una consecuencia, es una concesión que hace el abusivo para salir rápidamente del asunto.

Además, en una situación así se sigue minimizando la agresión. Se considera por alguna razón, que un golpe se arregla con una disculpa; cuando en el mundo adulto si alguien nos golpeara (conocido o desconocido) llamaríamos a la policía para que lo arresten o lo multen, además de alguna orden de restricción para que esa persona jamás vuelva a estar cerca de nosotros.

Hay ocasiones también en que se castiga a los dos niños, pero sin resolver el problema. Después de la sanción el agresor seguirá golpeando a la víctima.

Lo cierto es que debe haber consecuencias claras para el agresor y protección para la víctima. Dejar de lado prácticas inútiles como el careo entre niños, y ante cualquier agresión informar a los padres de familia. Si es necesaria la expulsión, pues entonces tiene que hacerse.

Si en el fútbol profesional (que es un juego) no se permiten los golpes, y los jugadores son expulsados cuando alguien es lastimado o a la segunda amonestación; entonces tampoco se tendrían que tomar a la ligera las agresiones entre menores.

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